Es común ver en bares y restaurantes bartenders agitando sus cocteleras previo a servir un trago. El producto final que llega a manos de los clientes es el resultado de una cuidadosa selección y combinación de ingredientes, siendo el batido del final el broche de oro que termina de generar la unión y el sabor buscado.
Resulta difícil imaginar esta situación fuera del ámbito de la
coctelería o la cocina. Pero agitar una mezcla de elementos para lograr un
preparado perfecto es exactamente la idea que Lancôme trasladó de la coctelera a
sus labiales Juicy Shaker. Aquí explicaremos cómo lo hizo.
Lancôme es una prestigiosa
marca de belleza moderna, creada en París en 1935 por Armand Petitjean y
presente en la actualidad en más de 130 países. Se caracteriza por ofrecer
servicios sofisticados y productos icónicos a clientes internacionales. Sus
líneas de maquillaje y perfumes son reconocidas mundialmente por su calidad y
diseño, además de ser los elegidos de las estrellas.
Si bien hay numerosos productos de esta marca sobre los que podríamos hacer un especial análisis, hoy en particular hablaremos sobre los labiales Juicy Shaker y su peculiar forma.
Éstos están conformados mediante revolución de un perfil, pero no son cilindros en su totalidad. El diámetro del envase tiende a disminuir hacia los extremos haciéndolos casi cónicos, dejando como absolutamente cilíndrica solo la parte central. El contenedor de producto es de vidrio transparente lo que permite apreciar, de manera bien diferenciada, las capas de aceite y pigmento cuando están en reposo. La tapa es plástica y plateada, y presenta una ligera concavidad en todo su lateral que aparece como apoyo para los dedos del usuario al momento de abrirla. La icónica flor de la marca se encuentra grabada en bajorrelieve sobre la cara superior de la tapa, así como el nombre de la misma sobre uno de los lados.


Este labial es una reducida muestra de cómo funciona la
creatividad en diseño. Hacer asociaciones entre conocimientos aparentemente no relacionados
y aplicarlas a través de rasgos formales en un proyecto, nos permite generar
objetos novedosos, innovadores, con una cuota de originalidad y simultáneamente
funcionales. Esto no quiere decir que deba hacerse o funcione en el cien por
ciento de los proyectos, pero es una herramienta a la que podemos recurrir cuando
flaquee nuestro stock de ideas.



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