Es una silla de interior construida con barras de metal. La estructura sobre la que se sostiene está formada por varillas de acero, y el asiento propiamente dicho es una rejilla metálica. Es un diseño del reconocido artista Harry Bertoia, del que tomó su nombre.
Su diseño es simple, tanto estética como constructivamente
hablando, dado que son solo dos partes fácilmente identificables y que se
vinculan a través de tornillos.
Es íntegramente plateada, y más allá de la propia trama que
genera la rejilla del asiento y el respaldo, las varillas son absolutamente
lisas. Las esquinas son redondeadas, y no hay ángulos vivos a la vista. Es un
producto que transmite, por su conformación, la sensación de liviandad visual,
a pesar de haber sido creada para soportar un peso considerable.
Es un diseño de silla icónico por lo que habla de mi como
alguien con cierto conocimiento sobre el campo. Sé quien la diseño, en que
contexto, tiene una importancia distinta para mí en comparación a una silla
común... Además, sugiere cierta ruptura de mi parte con lo tradicional (lo que
podría ser un clásico juego de comedor) para dar lugar a un objeto más “de
culto”, más vanguardista, más innovador. No es el tipo de silla que encontremos
con más frecuencia en los hogares, pero no por ello es menos funcional o
utilitaria.
El color elegido también me representa: es, sin caer en las
paletas comunes para el mobiliario (color madera, blanco, negro), fácilmente
combinable con diferentes ámbitos y muebles, por su capacidad de imitar el
entorno. Esto es algo que siempre tengo en cuenta cuando elijo un producto: que
armonice, que siga una línea o, si va a romper con algo, que lo haga con un
criterio. En simultáneo, el plateado también simboliza la modernidad, por lo
que me define como una usuaria joven y trendy.



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